“La bondad de Dios nuestro Salvador y su amor”. Tito 3:4.
¡Cuán agradable es ver al Salvador platicando con su amado pueblo! No hay nada más placentero que ser conducidos por el Espíritu Divino a este fértil campo de placer genuino. Consideremos por un instante la historia del amor del Redentor, y mil encantadores actos de afecto vendrán a nuestra mente, que tuvieron la finalidad de unir el corazón a Cristo y de entrelazar nuestros pensamientos y emociones con la mente de Jesús. Cuando meditamos en este admirable amor y contemplamos al glorioso Redentor dotando a la Iglesia con toda su antigua riqueza, nuestras almas bien pueden desmayar de gozo. ¿Quién puede soportar tal peso de amor? Si el conocimiento parcial de ese amor es más grande de lo que nuestras almas pueden abarcar, ¡cuán conmovedor será su completa comprensión! Cuando el alma tenga capacidad para discernir todos los dones del Salvador, sabiduría para apreciarlos, y tiempo para meditar en ellos, entonces hablaremos con Jesús en una forma más íntima de lo que lo hacemos ahora. ¿Pero quién puede imaginar la dulzura de tal comunión? Esto tiene que ser algo que no ha entrado en el corazón del hombre, pero que Dios preparó para los que lo aman. ¡Oh si pudiésemos forzar la puerta del granero de nuestro José y ver la abundancia que Él nos ha almacenado! Esto nos sumergirá en amor. Por fe vemos, por espejo, en obscuridad, la imagen de sus ilimitados tesoros, pero cuando veamos realmente las cosas celestiales con nuestros propios ojos, ¡cuán profundo será el río de comunión en el que nuestra alma se sumergirá! Hasta entonces, reservaremos nuestros mejores sonetos, para dedicarlos a nuestro amoroso bienhechor, el Señor Jesucristo, cuyo amor para con nosotros es admirable y sobrepuja todo entendimiento.
Efesios 3: 14-21 - El amor que excede a todo conocimiento -
14 Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15 de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; 17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, 19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, 21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.
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