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martes, 7 de abril de 2026

Delicias a su diestra.


 

"Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia?" Salmo 4:2.

Un escritor ha hecho una triste lista de los honores que el ciego pueblo de Israel concedió a su largamente esperado Rey. 1º Le hicieron una procesión de honor, en la cual tomaron parte los legionarios romanos, los sacerdotes judíos, los hombres y las mujeres, mientras Jesús llevaba su cruz. Esta es la procesión que el mundo da a aquél que vino a vencer a los más espantosos enemigos del hombre. Aclamaciones burlescas son sus únicas aclamaciones, y vituperios crueles, sus únicos cantos de triunfo. 2º Le obsequiaron con el vino de honor. En lugar de una áurea copa de vino estimulante, le ofrecieron un estupefaciente que él rehusó, pues quiso conservar intactas sus facultades para gustar la muerte; y más tarde, cuando gritó: "Sed tengo", le dieron, en una esponja, vino mezclado con hiel. ¡Oh qué mezquina y detestable inhospitalidad dieron al Hijo del Rey! 3º Se le puso una guardia de honor que demostró la estima que le tenía, echando suerte sobre sus vestidos, los que tomaron como presa. Tal fue la guardia del adorado del cielo: un cuaternión de crueles jugadores. 4º En la cruz se le dio un trono de honor. Ningún lugar de descanso más cómodo quería el hombre rebelde dar a su Señor. En efecto, la cruz era la perfecta expresión de los sentimientos del mundo hacia Jesús. Ellos parecían decir: "Allí tú, Hijo de Dios; ésta es la manera en que el mismo Dios sería tratado si pudiésemos llegar a él". 5º El título de honor nominalmente era "Rey de los Judíos", pero la ciega nación lo repudió, y en realidad lo llamó "Rey de los ladrones", pues prefirió a Barrabás y puso a Jesús en el lugar de mayor afrenta: entre dos ladrones. Su honra fue así, en todas las cosas, trocada en infamia por los hijos de los hombres; pero, a pesar de eso él alegrará los ojos de los santos y de los ángeles para siempre jamás.

Isaías 53: 3-12 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. 4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. 8 Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. 9 Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. 10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. 

La manifestación sublime del amor de Dios en ese sacrificio total, nos lleva a la experiencia de su presencia rodeandonos de paz, llevándonos a entender lo que vivimos, ver a los que nos rodean con sus ojos y contemplar su cuidado y defensa sobre nosotros, sus puertas abiertas para caminar confiados en Él, con su cuidado y dándonos la seguridad para continuar firmes tomados de su mano poderosa, firme y amorosa, en Él hay plenitud y reposo.

Salmo 16:7 Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aun en las noches me enseña mi conciencia. 8 A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. 9 Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; Mi carne también reposará confiadamente; 10 Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción. 11 Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre. 


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