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martes, 21 de julio de 2026

Ganando batallas engrandecidos con su fuerza.



“Meneó su cabeza a tus espaldas la hija de Jerusalén”. Isaías 37:22.

Tranquilizados por la Palabra del Señor, los temblorosos ciudadanos de Sión se animaban y meneaban sus cabezas ante las jactanciosas amenazas de Senaquerib. La fe firme capacita a los siervos de Dios a mirar con desprecio indiferente a sus enemigos más altaneros. Nosotros sabemos que nuestros enemigos están intentando imposibilidades. Procuran destruir la vida eterna, que, en verdad, mientras Jesús viva no puede morir; quieren derribar la ciudadela, contra la cual no prevalecerán las puertas del infierno. Dan coces contra los aguijones para su propio mal y acometen contra el escudo de Jehová para daño de ellos mismos. Conocemos la debilidad de nuestros enemigos. ¿Qué son ellos sino hombres? ¿Y qué es el hombre sino un gusano? Ellos braman y se hinchan como las olas de la mar, que espuman sus mismas abominaciones. Cuando se levante el Señor, volarán como el tamo delante del viento, y serán consumidos como crepitantes espinas. Su entera impotencia para perjudicar la causa de Dios y su verdad, hace que los más débiles soldados de las filas de Sión se rían de ellos con desdén. Sobre todas las cosas sabemos que el Altísimo está con nosotros; y cuando él vista sus armas, ¿dónde estarán sus enemigos? Cuando él salga de su lugar, los tiestos de la tierra no querrán contender con su Hacedor. Su vara de hierro los hará pedazos como una vasija de alfarero, y la memoria de ellos desaparecerá de la tierra. Afuera, pues, todos los temores; en las manos del Rey el reino está seguro. Demos voces de júbilo, pues el Señor reina.

Tremolando se divisa 

El marcial pendón,

Y se escuchan de las trompas

El guerrero son;

En el nombre del que viene,

Fuerte capitán,

Rotos nuestros enemigos

Todos quedarán.

Efesios 6:12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

2 Corintios 10:3-7 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne(no nos guiamos por los pensamientos, las emociones o por las ganas que tenemos, sino por lo que Dios dice); 4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, 6 y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta. 7 Miráis las cosas según la apariencia.

2 Timoteo 3:5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita

Salmos 62:1 En Dios solamente está acallada mi alma; De él viene mi salvación.

Efesios 6:10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

Hebreos 9:14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?




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