“A los que justificó a estos también glorificó”. Romanos 8:30.
Creyente, aquí hay una preciosa verdad para ti. Puedes ser pobre, estar sufriendo o ser desconocido, pero, anímate haciendo memoria de tu llamamiento y recordando sus consecuencias, especialmente aquella de la cual se habla en este pasaje. Tan cierto como tú eres hoy un hijo de Dios, tus pruebas pronto acabarán, y serás rico en todos los sentidos de la bienaventuranza. Aguarda un momento y tu cansada cabeza ostentará la corona de gloria y tu mano tomará la palma de la victoria. No lamentes tus pruebas, sino más bien regocíjate de que pronto estarás donde “no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor”. Los carros de fuego están a tu puerta, y en un momento te llevarán a la gloria. El eterno canto está cerca de tus labios. Los portales del cielo están abiertos para dejarte pasar. No pienses que puedas dejar de entrar en el reposo. Si Él te ha llamado, nada te puede apartar de su amor. La angustia no puede romper el vínculo; el fuego de la persecución no puede quemar el eslabón; el martillo del infierno no puede romper la cadena. Tú estás seguro; aquella voz que te llamó al principio te llamará otra vez para que vayas de la tierra al cielo, de las lóbregas tinieblas de la muerte al inefable esplendor de la inmortalidad. Descansa seguro, el corazón del que te justificó, late por ti de infinito amor. Pronto estarás con los glorificados, donde está tu parte.
Lo único que estás esperando aquí es ponerte en condiciones para gozar de la herencia; una vez que esto se realice, las alas de los ángeles te llevarán lejos al monte de la paz, del gozo y de la felicidad, donde, apartado de un mundo de aflicción y de pecado, y en eterna comunión con Dios, descansarás para siempre.
1 Reyes 11:38 Y si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y yo te entregaré a Israel.
1 Crónicas 28:20 Dijo además David a Salomón su hijo: Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová.
Esdras 10:4 Levántate, porque esta es tu obligación, y nosotros estaremos contigo; esfuérzate, y pon mano a la obra.
Todo el poder y la gloria de Dios está en favor del que se toma de su Palabra y es hacedor de esa obra, que no te desanimen tus carencias porque el Cristo lo tenes todo, determinate a caminar con Él a proclamar que todo lo podes en Jesús, renuncia al desanimo, levantate, pararte en sus promesas y verás la gloria de Dios abriendo camino delante tuyo, porque has puesto tu confianza en Él y creído a su Palabra. ¡Bendecida jornada!
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