Recuerdo un verano en que dije, "Lo que yo necesito es el océano," y fuí al océano. Pero parecía que me decía, "¡No está en mí!" El océano no hizo lo que yo pensaba que haría para mí. Entonces dije, "¿Dónde podré encontrar paz, será en las montañas?" Y me marché a las montañas. Al despertar la mañana siguiente, me encontré con la montaña que había ansiado tanto el ver; pero dijo "¡No está en mí." No me satisfacía. Lo que yo necesitaba era el océano de Su amor, juntamente con las elevadas montañas de su verdad. Era la sabiduría que las "profundidades" dijeron que no contenían, y que no podía compararse con alhajas, oro o piedras preciosas lo que yo necesitaba.
Cristo es sabiduría y nuestra necesidad más profunda. Nuestra inquietud interior sólo puede ser vencida por medio de la revelación de Su amistad y amor para con nosotros. -Margaret Bottome.
Al águila no podéis detenerla en el bosque. Podéis reunir a su alrededor el c
oro de pájaros más selecto; podéis ofrecerle una percha de la mejor madera para posarse; podéis encargar a mensajeros alados que le lleven las mejores golosinas; pero ella lo despreciará todo. Extenderá sus grandes alas y con el ojo puesto en los riscos Alpinos se remontará a sus corredores hereditarios entre los pertrechos de las rocas y la música de la tempestad y las cascadas.
El alma del hombre al elevarse como el águila, no descansará en nada que sea inferior a la Roca de la Eternidad. Sus corredores hereditarios son los corredores del Cielo. Sus pertrechos son los atributos de Dios. La rapidez de su vuelo majestuoso, es la Eternidad. "Señor, Tú has sido nuestra morada en todas las generaciones."-Macduff.
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