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viernes, 11 de septiembre de 2026

Haciéndolo todo para la gloria de Dios

“Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré,”. 2° Corintios 6:17.

El cristiano, aunque está en el mundo, no debe ser del mundo. Tiene que distinguirse del mundo en la gran finalidad de su vida. Para él “el vivir” tendría que ser “Cristo”. Ya coma, o beba, o haga cualquier otra cosa, tendría que hacerlo todo para la gloria de Dios. Tú puedes hacerte tesoros, pero hazlos en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen y donde ladrones no minan ni hurtan. Puedes procurar enriquecerte, pero sea tu ambición el ser “rico en fe” y en buenas obras. Puedes tener alegría, pero cuando estés alegre, canta salmos y alaba al Señor en tu corazón. En tu espíritu como en tus aspiraciones, tienes que diferir del mundo. Aguardando humildemente delante del Señor, consciente siempre de su presencia, deleitándote en su comunión y procurando conocer su voluntad, demostrarás que eres ciudadano del cielo. Tú tendrías que estar separado del mundo en cuanto a tus obras. Si una cosa es justa, debes hacerla aunque pierdas; y si fuere injusta, aunque ganes haciéndola, debes despreciar el pecado por amor a tu Maestro. No debes comunicar con las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien redargüirlas. Anda como es digno de tu vocación y dignidad. Recuerda, oh cristiano, que tú eres hijo del Rey de reyes. Por lo tanto, guárdate sin mancha de este mundo. No manches los dedos que pronto han de tocar las cuerdas celestiales; no permitas que tus ojos, que en breve han de ver al Rey en su hermosura, lleguen a ser las ventanas de la concupiscencia; no permitas que tus pies, que pronto han de andar por las calles de oro, se ensucien en lugares cenagosos; no permitas que tu corazón, que dentro de poco se llenará de cielo y rebosará de gozo, se llene de orgullo y amargura. 






Un himno antiguo dice estas palabras:

Aparte del mundo, Señor, me retiro,

De lucha y tumulto ansioso de huir,

De escenas horribles, do el mal victorioso

Extiende sus redes y se hace servir.







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miércoles, 9 de septiembre de 2026

Seamos, aquí, como Él es.



“Te responderé y te enseñaré cosas grandes y dificultosas que tú no sabes”. Jeremías 33:3.

Hay diferentes traducciones de estas palabras. Una versión las traduce así: “Te enseñaré grandes y fortificadas cosas”. Otra versión, en cambio, las traduce así: “Grandes y reservadas cosas”. Ahora bien, en la experiencia cristiana hay cosas especiales y reservadas. Todos los desarrollos de la vida espiritual no son igualmente fáciles de conseguir. Existen formas y sensaciones de arrepentimiento, de fe, de gozo y de esperanza que las experimenta toda la familia, pero hay un reino superior de éxtasis, de comunión y de consciente unión con Cristo que está lejos de ser la común habitación de los creyentes. No todos tenemos el alto privilegio de Juan de recostarnos en el pecho de Jesús, ni el de Pablo, de ser arrebatado hasta el tercer cielo. Hay alturas en el conocimiento espiritual de las cosas de Dios que el ojo de águila de la sutileza y del pensamiento filosófico nunca ha visto. Sólo Dios puede llevarnos allí. Pero la carroza en la cual él nos lleva, y los fogosos caballos que tiran de ella, son las oraciones poderosas. Estas oraciones vencen al Ángel de la misericordia: “Con su fortaleza venció al ángel. Venció al ángel y prevaleció; lloró y rogóle; en Bethel lo halló, y allí habló con nosotros”. Las oraciones que prevalecen llevan al cristiano a la cumbre de Pisga y le muestran la herencia reservada; nos llevan al Tabor y nos transfiguran hasta que, a la semejanza de nuestro Señor, “como él es, así seamos nosotros en este mundo”. Si quieres tener una experiencia más elevada que la común, contempla a la Roca que es más alta que tú, y mira con los ojos de la fe a través de la ventana de la oración constante. Cuando tú abras la ventana de tu lado, no permanecerá cerrada del otro.

Salmos 54:4 He aquí, Dios es el que me ayuda; El Señor está con los que sostienen mi vida.

Salmos 63:1-8 Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas, 2 Para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario. 3 Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán. 4 Así te bendeciré en mi vida; en tu nombre alzaré mis manos. 5 Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, y con labios de júbilo te alabará mi boca, 6 Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche. 7 Porque has sido mi socorro, y así en la sombra de tus alas me regocijaré. 8 Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido.

Romanos 8:11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

1 Corintios 16:24 Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros. Amén.



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martes, 8 de septiembre de 2026

El fruto de la rama tiene su origen en la raíz.



De mí será hallado tu fruto”. Oseas 14:8.

Nuestro fruto es hallado de Dios en cuanto a la unión. El fruto de la rama tiene su origen en la raíz. Si cortas la conexión, la rama se seca y no lleva fruto. Nosotros llevamos fruto en virtud de nuestra unión con Cristo. Cada racimo de uva ha estado primero en la raíz, pasó luego por el tallo, subió después por los conductos de la savia, y, por fin, se hizo fruto; pero primero estuvo en la raíz. Así también toda buena obra estaba primero en Cristo, y después dio su fruto en nosotros. ¡Oh! Cristiano, aprecia debidamente esta unión con Cristo, pues ella es la fuente de toda la fertilidad que tú puedas esperar conocer. Si no estuvieras unido a Jesús, serías, en verdad, una rama estéril. Nuestro fruto viene de Dios en cuanto a providencia espiritual. Cuando las gotas de rocío caen desde el cielo, cuando las nubes derraman su líquido tesoro, cuando el brillante sol hincha los granos del racimo, cada bendición celestial susurra al árbol y dice: “De mí es hallado tu fruto”. El fruto debe mucho a la raíz, pues esta es necesaria para que haya fruto, pero debe mucho también a las influencias externas. ¡Cuánto debemos a la providente gracia de Dios con la cual él nos da constantemente avivamiento, enseñanza, consolación, fortaleza y todo lo que necesitamos! A ella debemos la utilidad y virtud de que somos capaces. Nuestro fruto viene de Dios en cuanto a la sabia labranza. El filoso cuchillo del hortelano estimula la fecundidad del árbol, limpiando los racimos y quitando las ramas que están demás. Así acontece, cristiano, con aquella poda a la que el Señor te somete. “Mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará; y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto”. Ya que nuestro Dios es el autor de nuestras gracias espirituales, démosle a él toda la gloria de nuestra salvación.

2 Pedro 3:18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.

Colosenses 2:2-5 para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, 3 en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. 4 Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas.

Hebreos 13:15 Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.



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lunes, 7 de septiembre de 2026

Fe aun con riesgos.



“Y como no podían llegar a él a causa de la multitud, descubrieron la techumbre donde estaba, y habiéndola destechado, bajaron el lecho en que el paralítico estaba echado”. Marcos 2:4.

La fe hace muchos descubrimientos. La casa estaba llena; una muchedumbre había bloqueado la puerta, pero la fe halló un medio para llegar al Señor y colocar delante de él al paralítico. Si no podemos llevar a los pecadores a Jesús por medios ordinarios, tenemos que usar los extraordinarios. Parece, según Lucas 5:19, que hubo que sacar una teja del techo, lo cual habrá hecho caer polvo, y habrá representado cierto peligro para los que estaban abajo, pero, cuando el caso es muy urgente, no tenemos que temer correr algún riesgo, o sacudir algunas propiedades. Jesús estaba allí para curar, y aconteciera lo que aconteciese, la fe lo arriesgaba todo, con tal de que el paralítico tuviese sus pecados perdonados. ¡Oh si tuviésemos una fe más intrépida! Querido creyente ¿no podemos, esta mañana, procurar esa fe para nosotros y para nuestros compañeros de trabajo, y no queremos intentar hoy algún acto de intrepidez a favor de las almas y para la gloria de Dios? El mundo está constantemente descubriendo. Los genios sirven a todos los propósitos del deseo humano. ¿No puede la fe descubrir también y alcanzar, por algún nuevo medio, a los perdidos que están pereciendo en derredor nuestro? Fue la presencia de Jesús, la que estimuló el coraje victorioso de los cuatro que llevaban al paralítico. ¿No está ahora entre nosotros el Señor? ¿Hemos visto esta mañana su rostro por medio de la oración? ¿Hemos sentido en nuestras propias almas su poder sanador? Si es así, entonces a través de la puerta, de la ventana o del techo, procuremos llevar las pobres almas a Jesús, venciendo todos los impedimentos. Todos los medios son buenos y decorosos cuando la fe y el amor se han puesto sinceramente a ganar almas.

Hebreos 11:6-7 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. 7 Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.
Judas 1:17-20 Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; 18 los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos. 19 Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu. 20 Pero vosotros, amados, edificandoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo.

Que en este día sigamos edificando nuestra vida según la Palabra de Dios desechando la mentalidad de este mundo y abrazando los pensamientos de Dios, expresados en su palabra.



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domingo, 6 de septiembre de 2026

Seamos luz a todos, por doquier

“En medio de la nación maligna y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo” Filipenses 2:15b

Nosotros empleamos las lumbreras para hacer ver. El cristiano debiera, en su vida, brillar de tal manera que ninguna persona pudiese vivir con él una semana sin conocer el Evangelio. Su conversación debiera ser tal, que todos los que viven en torno suyo conozcan claramente de quién es él y a quién sirve, y vean la imagen de Jesús reflejada en sus acciones diarias. Las lumbreras sirven para guiar. Nosotros tenemos que ayudar a los que están en derredor nuestro y viven en tinieblas; tenemos que ofrecerles la Palabra de vida; tenemos que dirigir a los pecadores al Salvador y los cansados al divino reposo. Las gentes a veces leen la Biblia, pero no pueden entenderla; tenemos que estar listos, como Felipe, para instruir al que indaga el significado de la Palabra de Dios, y al que busca el camino de la salvación y la vida de piedad. Las lumbreras se usan también para advertir. Sobre nuestras rocas y bancos de arena tiene indudablemente que levantarse un faro. Los cristianos debieran saber que en todas partes del mundo hay muchas lumbreras falsas, y que, por lo tanto, es necesaria la lumbrera verdadera. Los piratas de satanás están siempre en el mundo, tentando a los impíos a pecar bajo el nombre del placer. Ellos levantan la luz falsa. Levantemos nosotros la luz verdadera sobre toda roca peligrosa, a fin de señalar todos los pecados, indicando, además a qué fin conducen, para que seamos libres de la sangre de todos los hombres, alumbrando como luminares en el mundo. Las lumbreras tienen también una influencia animadora, y lo mismo acontece con los cristianos. El cristiano debe ser un luminar que tenga afectuosas palabras en sus labios y simpatía en su corazón. Debe llevar luz en cualquier lugar a donde vaya y esparcir felicidad en torno suyo.


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sábado, 5 de septiembre de 2026

No digas «¡Ay de mí!»

“¡Ay de mí, que moro en Mesec, y habito entre las tiendas de Cedar!” Salmos 120:5

Como cristiano tienes que vivir en medio de un mundo impío, y vale poco que grites; “¡Ay de mí!” Jesús no rogó que fueses quitado del mundo, y lo que él no pidió no debes tú desearlo. Es mucho mejor hacer frente a las dificultades con el poder del Señor, y glorificar a Dios con esa actitud. El enemigo está siempre observándote para descubrir alguna inconsistencia en tu conducta; sé muy santo, pues. Recuerda que los ojos de todos están sobre ti, y que se espera más de ti que de los otros hombres. Procura no dar motivo al reproche. Que tu bondad sea la única falta que ellos puedan hallar en ti. A semejanza de Daniel, ponlos en el trance de decir: “No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna, si no la hallamos contra él en la ley de su Dios”. Procura tanto ser útil como consecuente. Quizá digas: “Si estuviese en una posición más favorable podría servir a la causa del Señor, pero donde estoy no puedo hacer ningún bien”. Cuanto más malas sean las gentes entre las cuales vives, tanto más necesitan de tus esfuerzos; cuanto más torcidas, tanto más necesitan ser enderezadas; y si son perversas tanto más necesario es que sus soberbios corazones se conviertan a la verdad. ¿Dónde tiene que estar el médico, sino donde hay muchos enfermos? ¿Dónde consigue el soldado el honor, sino en el más intenso fuego del combate? Y cuando te halles cansado de la lucha y del pecado que te circunda por todas partes, piensa que todos los santos soportaron la misma prueba. Ellos no fueron al cielo llevados en camas, y tú no tienes que esperar viajar más cómodamente que ellos. Ellos tuvieron que arriesgar sus vidas hasta la muerte en los altos lugares del campo de batalla, y tú no serás coronado si no sufres trabajos como fiel soldado de Jesucristo. Por lo tanto, “estad firmes en la fe, portaos varonilmente y esforzaos”.




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viernes, 4 de septiembre de 2026

Ansiando su salvador y bondadoso toque

"Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio” Marcos 1:41

Las primitivas tinieblas oyeron el mandato del Todopoderoso: “Sea la luz”, y, enseguida, fue la luz; y la palabra de Jesús es, en majestad, igual a aquella antigua palabra de poder. La redención a semejanza de la creación tiene su palabra de poder. Jesús habla y queda hecho. La lepra no se cura con remedios humanos, pero desaparece enseguida ante el “quiero” del Señor. Para esta enfermedad no hay esperanza de cura; el cuerpo no puede hacer nada para su propia sanidad, pero la palabra de Jesús efectuó una sanidad duradera. El pecador está en una condición más miserable que la del leproso; que imite, pues, el ejemplo de este, y que vaya a Jesús, “rogándole e hincando la rodilla”. Que ejerza la poca fe que tiene, aunque no pueda decir otra cosa que: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”, y entonces no habrá necesidad de dudar acerca del resultado. Jesús sana a todo el que va a él y no lo echa fuera. Al leer la narración en que ocurre el texto de esta mañana, es digno de que notemos con piadosa atención el hecho de que Jesús tocó al leproso. Esta persona inmunda pasó por alto los reglamentos de la ley ceremonial y se metió en la casa, pero Jesús, lejos de reprenderlo, pasa él mismo por alto esa ley con el fin de entrevistarse con él. Jesús hizo con el leproso un intercambio, pues si bien lo limpió, contrajo, al tocarlo –según el Levítico- una contaminación. Así también Jesucristo fue hecho pecado por nosotros (aunque él no conoció pecado), a fin de que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. ¡Oh si los pobres pecadores fueran a Jesús, creyendo en el poder de su bendita obra de substitución, pronto conocerían el poder de su bondadoso toque! La mano que multiplicó los panes, que levantó a Pedro cuando se hundía, que sostiene a los santos afligidos, tocará a todo pecador que lo busque, y en un instante lo hará limpio. El amor de Jesús es la fuente de la salvación. Nos ama, nos mira, nos toca y vivimos.




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jueves, 3 de septiembre de 2026

Tenemos vida por su muerte y paz por su sangre

“Hazme saber, oh tú a quien ama mi alma, dónde apacientas, dónde sesteas al mediodía; pues ¿por qué había de estar yo como errante. Junto a los rebaños de tus compañeros?” Cantares 1:7.


Es bueno poder decir del Señor Jesús sin ningún “si” o “pero”: ¡Oh tú a quien ama mi alma! Muchos sólo pueden decir que creen que aman a Jesús; confían en que lo aman, pero sólo una experiencia superficial se satisfará con quedarse allí. Ninguno debe dar reposo a su espíritu hasta sentirse completamente seguro en un asunto de tan vital importancia. No tenemos que estar satisfechos con una esperanza superficial de que Jesús nos ama, y con una mera creencia de que nosotros lo amamos a él. Los santos de la antigüedad no hablaban, por lo general, con “peros” y “si”; con “espero” y “creo”, sino hablaban positiva y claramente. “Yo sé a quien he creído”, dice el apóstol Pablo. “Yo sé que mi Redentor vive”, dice Job. Asegúrate de que realmente amas a Jesús, y no quedes satisfecho hasta que puedas decir con certeza que tienes interés en él, el que, sin duda, ya tienes por haber recibido el testimonio del Espíritu Santo, y por haber sido sellado, por la fe, con el Consolador. El verdadero amor a Cristo es en todos los casos, obra del Espíritu Santo, y es él quien tiene que efectuarla en el corazón. El es la causa eficiente de ese amor, pero la razón lógica porque amamos a Jesús reside en él mismo. ¿Por qué amamos a Jesús? Porque él nos amó primero. ¿Por qué amamos a Jesús? Porque él se dio a sí mismo por nosotros. Nosotros tenemos vida por su muerte; tenemos paz por su sangre. Aunque era rico, por amor de nosotros se hizo pobre. ¿Por qué amamos a Jesús? Por la excelencia de su persona. Nosotros estamos satisfechos con la sensación de su hermosura, con la admiración de sus encantos y con el conocimiento de su infinita perfección. Su grandeza, su bondad y su amabilidad se combinan en un esplendente rayo, con el fin de fascinar al alma hasta que exclame: “Todo él es codiciable”. ¡Bendito amor es este, que une el corazón con cadenas más suaves que la seda, y, al mismo tiempo, más sólidas que el diamante!




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miércoles, 2 de septiembre de 2026

El verdadero médico de nuestros males

“Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella”. Marcos 1:30

Muy interesante es esta breve visita a la casa del apóstol pescador. Vemos enseguida que los goces y las ansiedades familiares no son un obstáculo para que se ejerza plenamente el ministerio. Más aun, esas circunstancias, ya que dan una oportunidad para testificar personalmente de la bondadosa obra del Señor a favor de la propia carne y sangre de uno, pueden también instruir al que hace de maestro mejor que cualquiera otra disciplina terrenal. Los papistas y otros sectarios desacreditan el matrimonio, pero el verdadero Cristianismo y la vida familiar andan muy de acuerdo. La casa de Pedro era probablemente la choza de un pobre pescador, pero el Señor de gloria entró en ella, se alojó en ella, y en ella obra un milagro. Si este librito fuere leído esta mañana en alguna choza humilde, que este versículo sirva para que sus habitantes se animen a buscar la compañía del Rey Jesús. Dios está más a menudo en las despreciables chozas que en los lujosos palacios. Jesús está ahora mirando alrededor de tu pieza, y está pronto para darte su bendición. En la casa de Simón entró una enfermedad, la fiebre había postrado mortalmente a su suegra, y en cuanto Jesús llegó, le hablaron de la triste aflicción, y él se acercó al lecho del paciente. ¿Tienes alguna enfermedad en tu casa esta mañana? Hallarás en Jesús el mejor médico; ve a él enseguida y cuéntale todo el asunto. Pon inmediatamente tu caso delante de él, y como ese es un asunto que interesa a uno de los suyos, lo tratará con diligencia. Observa que Jesús sanó a la enferma enseguida. Ninguno puede sanar como él. No podemos asegurar que el Señor quitará toda enfermedad de aquellos que amamos, pero podemos saber que es más probable que la sanidad sea el resultado de la oración de fe, que de cualquier otra cosa del mundo. Y en los casos donde esta no trae el resultado apetecido, tenemos que acatar sumisos su voluntad.




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martes, 1 de septiembre de 2026

Confiando en Dios que todo lo ve.



“Me guiarás según tu consejo, y después me recibirás en gloria”. Salmo 73:24.

El salmista siente necesidad de guía divina. Hace poco estuvo descubriendo la necesidad de su propio corazón, y con el fin de no ser constantemente desviado por él, resolvió dejarse guiar, de aquí en adelante, por el consejo de Dios. Cuando el sentido de nuestra necedad nos conduce a confiar en la sabiduría del Señor, damos un gran paso adelante para ser sabios. El hombre ciego se apoya en el brazo de su amigo y llega con seguridad al hogar; de la misma manera nosotros tendríamos que entregarnos sin reservas, a la guía divina, no dudando nada, estando ciertos de que aunque no podamos ver, es siempre seguro confiar en el Dios que todo lo ve. “Me recibirás” es una bendita expresión de confianza. David estaba seguro de que el Señor no dejaría de cumplir su obra. Creyente, hay aquí una palabra para ti; descansa en ella. Ten por cierto que tu Dios será tu consejero y amigo. El te guiará; te dirigirá en todos tus caminos. En su Palabra tienes, en parte, cumplida esta seguridad, pues las Santas Escrituras contienen los consejos de Dios para ti. ¡Felices de nosotros los que tenemos la Palabra de Dios para que siempre nos guíe! ¿Qué puede hacer el marinero sin la brújula? ¿Y qué puede hacer el cristiano sin la Biblia? Es esta la carta infalible, el mapa en que están registrados todos los bancos de arena. Todos los canales, desde la arena movediza de la destrucción hasta el puerto de la salvación están delineados y marcados por uno que conoce todo el camino. ¡Bendito seas, oh Dios, porque podemos confiar en ti para que nos guíes ahora, y nos guíes hasta el fin! Después de haber sido guiado en esta vida, el salmista anticipa la divina recepción que tendrá al fin, y dice: “después me recibirás en gloria”. ¡Qué bendición para ti, creyente! ¡Dios mismo te recibirá en la gloria; te recibirá a ti! Aunque errante y extraviado, si te dejas guiar, te llevará, al fin, a su gloria seguro. Esta es tu porción.

Salmos 27:13 Nueva Traducción Viviente

Sin embargo, yo confío en que veré la bondad del Señor mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes.

Salmos 31:14 Reina-Valera 1960

Mas yo en ti confío, oh Jehová; Digo: Tú eres mi Dios.

Salmos 86:2 Nueva Traducción Viviente

Protégeme, pues estoy dedicado a ti. Sálvame, porque te sirvo y confío en ti; tú eres mi Dios.

Salmos 143:8 Nueva Traducción Viviente

Hazme oír cada mañana acerca de tu amor inagotable, porque en ti confío. Muéstrame por dónde debo andar, porque a ti me entrego.



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lunes, 31 de agosto de 2026

Arrojándonos, confiados, en sus brazos.


 

“En mi brazo pondrán su esperanza”. Isaías 51:5.

En tiempos de dura prueba el cristiano no tiene en la tierra nada en lo cual pueda confiar, y por lo tanto se ve precisado de arrojarse en los brazos de su Dios. Cuando su barco se hunde, y no puede valerse de ningún salvamento humano, debe sencilla y enteramente confiarse a la providencia y al cuidado de Dios. ¡Feliz tormenta la que arroja al hombre sobre una roca como esta! ¡Bendito huracán, que llevas el alma a Dios y sólo a Dios! Algunas veces no nos allegamos a nuestro Dios porque tenemos una multitud de amigos, pero cuando un hombre es tan pobre y se ve tan desamparado y desvalido que no puede recurrir a ninguna parte, entonces vuela a los brazos de Dios y es felizmente recibido en ellos. Y cuando esté sometido a pruebas tan apremiantes y singulares que no las pueda contar a ninguno sino sólo a Dios, debe estar agradecido por ello, pues aprenderá más de su Señor en esa ocasión que en cualquier otro tiempo. ¡Oh creyente sacudido por la tempestad! Es una prueba afortunada la que te lleva al Padre. Ahora que sólo tienes a Dios en quien confiar, procura poner en él tu entera confianza. No afrentes a tu Señor y Maestro con dudas y temores indignos, sino sé fuerte en la fe, dando gloria a Dios. Haz ver al mundo que tu Dios vale para ti más que diez mil mundos; haz que vean los hombres ricos cuán rico eres tú, cuando en tu pobreza tienes como tu ayudador al Señor Dios; haz que vean los fuertes cuán fuerte eres tú en tu debilidad cuando te sostienen los brazos eternos. Ahora es el tiempo para las hazañas de fe y para las valientes proezas. Sé fuerte y muy valiente, y el Señor tu Dios, que hizo los cielos y la tierra, se glorificará en tu debilidad y magnificará su poder en medio de tu aflicción. La magnificencia de la bóveda celeste quedaría perjudicada, si el firmamento estuviese sostenido por una columna, y tu fe perdería su gloria si descansase sobre algo visible al ojo carnal. ¡Que el Espíritu Santo te haga descansar en Jesús!

Salmo 62:5-8  Alma mía, en Dios solamente reposaPorque de él es mi esperanza6 Él solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. 7 En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio. 8 Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. Selah

Salmos 119:98 Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, Porque siempre están conmigo.

Salmos 16:11 Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.

Salmos 19:14 Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.



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domingo, 30 de agosto de 2026

Marchar en pos de Él es más fácil que quedar firmes

“Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová.” Salmos 27:14

Parece fácil esperar, pero, sin embargo, es esta una de las actitudes que el soldado cristiano aprende después de muchos años de enseñanza. Marchar y marchar con paso redoblado es para los soldados de Dios mucho más fácil que quedar firmes. Hay horas de perplejidad en las que los espíritus más dispuestos y más ansiosos de servir al Señor, no saben qué camino tomar. ¿Qué hacer entonces? ¿Afligirse con desesperación? ¿Huir cobardemente, dar, en temor, media vuelta a la derecha o marchar adelante presuntuosamente? No, sino esperar, simplemente. Esperar en oración. Invoca a Dios y preséntale a él tu caso, cuéntale tu dificultad, y pídele poder ver la promesa de su ayuda. En los dilemas entre dos deberes, es agradable ser humilde como un niño y esperar, con sencillez de alma, en el Señor. Sin duda, nos irá bien cuando sintamos y conozcamos nuestra insensatez, y deseemos sinceramente ser guiados por la voluntad de Dios. Pero, espera  con fe. Manifiesta tu firme confianza en él, pues esperar desleal y pérfidamente es sólo insultar al Señor. Cree que aunque te tenga esperando hasta medianoche, él vendrá a su debido tiempo. La visión vendrá y no tardará. Espera con paciencia, no rebelándote si estás bajo la aflicción, sino bendiciendo a Dios por ella. Nunca murmures contra la segunda causa, como los hijos de Israel murmuraron contra Moisés; nunca desees volver al mundo otra vez, sino acepta tu situación tal como se presenta y, con entero corazón, sin voluntad propia, pon esa situación en las manos de tu Dios y di: “Ahora, Señor, no sea hecha mi voluntad sino la tuya. Yo no sé lo que hacer; estoy en dificultades extremas, sin embargo esperaré hasta que dividas las aguas o rechaces a mis enemigos.

Yo esperaré, si tú me conservas muchos días, pues mi corazón te escogió sólo a ti oh Dios, y mi espíritu te aguardará en la plena convicción de que tú serás mi gozo y mi salvación, mi refugio y mi fortaleza”.




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sábado, 29 de agosto de 2026

Cuán piadoso es con los pecadores

"Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.”. Salmo 51:1


Cuando William Carey estaba padeciendo de una grave enfermedad, se le preguntó lo siguiente: “Si esta enfermedad resultase fatal, ¿qué versículo elegiría Ud. como texto para el sermón de su entierro?” Carey replicó: ¡Oh!, una criatura pecadora como yo es indigna de que se diga algo de ella; pero si el sermón de entierro debe predicarse, deseo que esté basado en estas palabras: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones”. Con el mismo espíritu de humildad, dispuso, en su última voluntad, que esta inscripción, y nada más, se grabase en su lápida sepulcral: 


William Carey, Nació el 17 de agosto de 1761 y falleció el 9 de junio de 1834

“«Un gusano miserable, pobre e indefenso,En tus brazos bondadosos caigo»”


Sólo sobre la base de la libre gracia pueden los santos más experimentados y más estimados acercarse a su Dios. Los buques vacíos flotan en la superficie del agua, pero los muy cargados están hundidos en el agua. Los que meramente profesan ser cristianos se vanaglorian, pero los verdaderos hijos de Dios le piden que tenga piedad de su inutilidad. Necesitamos que Dios tenga piedad de nuestras buenas obras, de nuestras oraciones, de nuestras predicaciones, de nuestras limosnas y de nuestras cosas más sagradas. La sangre no sólo fue rociada en los postes y dinteles de las habitaciones de Israel, sino en el santuario, en el propiciatorio y en el altar, porque, como el pecado se introduce aun en nuestras cosas más sagradas, nos es necesario tener la sangre de Jesús para purificarlas de la contaminación. Si la misericordia nos es necesaria en el cumplimiento de nuestros deberes, ¿qué diremos de nuestros pecados? ¡Cuán grato es recordar que la inagotable misericordia está dispuesta a mostrarse benigna hacia nosotros, recreando nuestros huesos abatidos!





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viernes, 28 de agosto de 2026

Recibiendo el óleo del Espíritu Santo

"Aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático" Éxodo 25:6

Alma mía, ¡cuánto necesitas esto!, pues tu lámpara no seguirá alumbrando por mucho tiempo sin aceite. Si la luz desaparece (y desaparecerá si no hay aceite) la mecha echará humo, y este dará mal olor. Tú no tienes una vasija de petróleo que suba por tu naturaleza humana; por lo tanto, tienes que ir a los que lo venden y comprar para ti, o, a semejanza de las vírgenes fatuas, tendrás que decir: "Mi lámpara se apaga". Aun las lámparas consagradas no podían dar luz sin aceite. Aunque resplandecían en el tabernáculo, tenían que ser alimentadas; aunque ningún fuerte viento soplaba sobre ellas, tenían que ser despabiladas; y tú necesitas esto en gran manera. Aun bajo las circunstancias más felices tú no puedes dar luz por una hora más, si no recibes una nueva provisión de aceite. No cualquier aceite se podía usar en el culto del Señor. No se aceptaba ni el petróleo que se extrae de las entrañas de la tierra, ni el aceite de pescado, ni el de nueces. Un solo aceite era el escogido: el mejor aceite de oliva. Ni la pretendida gracia de la bondad natural, ni la imaginaria gracia de las manos sacerdotales, ni la fantástica gracia de las ceremonias exteriores, le servirán al verdadero santo de Dios. El sabe que Dios no quedará satisfecho ni aun con ríos de semejante aceite. El va al molino de aceite de Getsemaní y toma sus provisiones de mano del que allí fue quebrantado. El aceite de la gracia evangélica es puro y está libre de los sedimentos y borras, de ahí que la luz que produce sea clara y brillante. Nuestras iglesias son los candelabros de oro de nuestro Señor, y si han de ser luces en un mundo de tinieblas, tienen que tener este santo aceite. Oremos por nosotros, por nuestros pastores y por nuestras iglesias, con el fin de que nunca nos falte aceite para la luminaria. Verdad, santidad, gozo, conocimiento y amor, tales son los destellos de la luz sagrada, pero no podemos emitirlos si en lo privado no recibimos el óleo del Espíritu Santo.




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jueves, 27 de agosto de 2026

La incredulidad tiene tantas vidas como un gato.

 


“Hasta cuándo no me ha de creer”. Números 14:11.

Lucha con toda diligencia por impedir que entre en tu vida, ese monstruo llamado incredulidad, pues afrenta de tal forma a Cristo que él nos privará de su presencia, si lo insultamos consintiendo la incredulidad. Es cierto que la incredulidad es una mala hierba cuya semilla nunca podremos extirpar completamente, pero tenemos que asestar golpes a su raíz con celo y perseverancia. Entre las cosas odiosas, es ésta la más aborrecida. Su nociva naturaleza es tan venenosa, que tanto el que practica la incredulidad como aquel en perjuicio de quien se practica, resultan lesionados por ella. En tu lugar, oh creyente, el caso es más grave, pues las mercedes que Dios te dio en el pasado, acrecientan tu culpa, si dudas de él en el presente. Cuando desconfías del Señor Jesús, él bien puede clamar: “He aquí, estoy oprimido debajo de vosotros como lo está un carro cargado de gavillas”. Esto es como coronar su cabeza con las espinas más agudas. Es muy cruel que una bien amada esposa desconfíe de un afectuoso y fiel esposo. El pecado es inútil, necio e injustificable. Jesús nunca ha dado el más leve motivo para que se sospeche de él. Es penoso ver que dudan de nosotros aquellos para quienes nuestro comportamiento es afectuoso y sincero. Jesús es el Hijo del Altísimo y tiene ilimitada riqueza. Es vergonzoso dudar de la omnipotencia y desconfiar de la omnisuficiencia. “Los millares de animales en los collados”, alcanzarán para satisfacer nuestra hambre y los graneros del cielo no se vaciarán por más que comamos. Si Cristo sólo fuese una cisterna, pronto agotaríamos su contenido, pero, ¿quién puede agotar una fuente? ¡Afuera con esa falsa y traidora incredulidad, pues su único cometido es cortar los lazos de comunión y hacernos lamentar la ausencia del Salvador! Bunyan dice que la incredulidad tiene tantas vidas como el gato. Si es así, quitémosle una ahora, y sigamos hasta dejarlo muerto. ¡Abajo, traidor; mi corazón te aborrece!

Hebreos 11:1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

2 Corintios 1:20 porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.

Hebreos 11:6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. 

Incredulidad: Falta de creerle a Dios, desconfiar de Él.

¿Por qué nos cuesta obedecer a Dios, cuando sabemos que todo lo que Él nos dice es para nuestro bien?

¿Por que seguir en una postura de necedad o de impulsividad emocional?

Salmo 32:5-9 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah

6 Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán estas a él. 7 Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. Selah

8 Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andarSobre ti fijaré mis ojos. 9 No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti.

2 Corintios 10: 3-5  Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.


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miércoles, 26 de agosto de 2026

Su pacto: fuente inagotable de consolación.

“Para siempre ha ordenado su pacto”. Salmo 111:9.

El pueblo de Dios se goza en el pacto. Siempre que el Espíritu Santo guía a los creyentes a su festín y hace flamear su bandera de amor, este pacto es una fuente inagotable de consolación. Ellos se complacen en contemplar la antigüedad de aquel pacto, recordando que antes que el lucero del alba conociese su lugar o los planetas recorriesen sus órbitas, los intereses de los santos estaban seguros en Cristo Jesús. Les es muy grato recordar la seguridad del pacto, mientras meditan en “las misericordias firmes a David”; se gozan en celebrarlo como “firmado, sellado, ratificado, y en todas las cosas bien ordenado”. Este pacto hace henchir de gozo sus corazones, al pensar en su inmutabilidad, como un pacto que ni el tiempo ni la eternidad, ni la vida ni la muerte, jamás podrán violar, un pacto tan antiguo como la eternidad y tan eterno como la Roca de los siglos. Se regocijan también por la plenitud de este pacto, pues ven en él todas las cosas que le han sido dadas. Dios es la porción de ellos, Cristo es el compañero y el Espíritu es el consolador; la tierra es la residencia de ellos y el cielo es el hogar. Ellos ven en el pacto una herencia reservada y asegurada a toda alma que tiene un interés en su antiguo y eterno contrato de donación. Sus ojos brillaron de alegría cuando vieron en él como un tesoro hallado en la Biblia. ¡Cómo se alegraron sus almas cuando vieron que, por su voluntad y testamento, el Señor les legaba a ellos aquel tesoro! Los creyentes se complacen especialmente en contemplar la gracia en este pacto. Ellos ven que la ley fue cumplida por Cristo un pacto de obras y dependiente de sus méritos, pero este otro pacto permanece porque su base, su condición, su baluarte y su fundamento es la gracia. El pacto es un cúmulo de riquezas, un depósito de alimento, una fuente de vida, un alfolí de salvación, un título de paz y un puerto de gozo. Somos deudores a Cristo de la entrada a este nuevo pacto que nos dió un nuevo comienzo. Una vida de santidad, de integridad, una nueva vida bajo el reino de Dios. 

Lucas 12:22-31 El afán y la ansiedad

22 Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. 23 La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. 24 Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? 25 ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? 26 Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás? 27 Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. 28 Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? 29 Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. 30 Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. 31 Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.

1 Corintios 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

Romanos 6:16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?



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martes, 25 de agosto de 2026

Cristo es el verdadero alimento de nuestras almas.


 

“Su fruto fue dulce a mi paladar”. Cantares 2:3.

En las Escrituras se habla de la fe bajo el símbolo de los sentidos. Es vista: “Mirad a mí y sed salvos”. Es oído: “Oíd y vivirá vuestra alma”. Es olfato: “Mirra, áloes y casia exhalan todos tus vestidos”. “Ungüento derramado es tu nombre”. Es tacto: Por esta fe una mujer, “llegándose por las espaldas, tocó el borde del vestido de Cristo”, y por esta fe nosotros palpamos las cosas buenas de la vida. La fe es asimismo el paladar del espíritu: “Cuán dulces son a mi paladar tus palabras, más que la miel a mi boca”. Cristo dijo: “Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros”. Este “paladar” es la fe en una de sus más elevadas operaciones. Una de las primeras acciones de la fe es el oír. Oímos la voz de Dios no sólo con el oído exterior sino con el interior. Lo oímos como Palabra de Dios y la creemos como tal; esto es el “oír” de la fe. Entonces nuestra mente mira la verdad tal como nos es presentada; la entendemos, y comprendemos su significado. Esto es el “mirar” de la fe. Después descubrimos su preciosidad; empezamos a admirarla y hallamos cuán fragante es. Esto es el “olfato” de la fe. Enseguida, nos apropiamos de las mercedes que nos son preparadas en Cristo. Esto es el “tacto” de la fe. De aquí siguen los goces, la paz, el placer, la comunión. Esto es el “paladar” o gusto de la fe. Cualquiera de estos actos de fe salva. El oír la voz de Cristo como la verdadera voz de Dios, dirigida al alma, nos traerá salvación. Pero lo que da verdadero solaz es la disposición de fe, por la que Cristo es recibido en nosotros y es considerado como el alimento de nuestras almas, por medio de una íntima y espiritual comprensión de su dulzura y preciosidad. Es entonces cuando nos sentamos “bajo la sombra del deseado”, y hallamos su fruto dulce a nuestro paladar.

¿Qué es lo que produce en nosotros el deseo por su Presencia? ¿Es por que nos sentimos aliviados, es por que en Él encontramos sosiego, o es verdaderamente por que lo amamos? Nada mas feo y triste que estar en una relación dispar, donde uno ama y sacrifica y el otro solo esta para ser beneficiado.

1 Juan 4:19 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

Mateo 10:37-38 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí. 38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.

Juan 14:21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.







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lunes, 24 de agosto de 2026

Peleando con un enemigo derrotado.



“ Subirá rompedor delante de ellos”. Miqueas 2:13.
En vista de que Jesús ha ido delante de nosotros, las cosas no permanecen como si él nunca hubiese pasado por aquel camino. El conquistó a todos los enemigos que obstruían el camino. Toma ánimo, medroso soldado, Cristo no sólo ha recorrido el camino, sino ha matado a tus enemigos. ¿Temes al pecado? Él lo clavó en la cruz. ¿Temes a la muerte? Jesús la ha destruido. ¿Temes al infierno? Cristo ha quitado las posibilidades de que tú llegues allí; nunca verás el golfo de perdición. Todos los enemigos del cristiano están vencidos. Hay leones, pero sus dientes están rotos; hay serpientes, pero sus colmillos han sido quitados; hay ríos, pero o tienen puentes o son vadeables; hay fuego, pero tenemos un incomparable vestido que nos hace invulnerables. La espada que fue forjada contra nosotros ya está embotada; los instrumentos de guerra que el enemigo está preparando, ya perdieron su eficacia. En la persona de Cristo, Dios ha quitado todo lo que nos puede dañar. Así que, el ejército puede marchar seguro, y tú puedes, con gozo, seguir tu camino, pues todos los enemigos fueron vencidos de antemano. Lo único que tienes que hacer es tomar el despojo. Los enemigos están derrotados y vencidos; todo lo que tú tienes que hacer es dividir el despojo. Tú, es verdad, tendrás frecuentemente que entrar en combate, pero pelearás con un enemigo derrotado. Su cabeza está rota; él quizá intente dañarte, pero sus fuerzas no serán suficientes para conseguirlo. Tu victoria será fácil y tu riqueza será incalculable.

Nuestro Caudillo salió victorioso,
En el Calvario su triunfo se ve;
Todos sigamos al Jefe glorioso;
Nuestra mirada en su cruz fija esté.

Juan 15:13-16 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. 16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

1 Juan 5:14 Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.


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domingo, 23 de agosto de 2026

Si cesa el pecado, cesa toda clase de lamento

"Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor” Isaías 65:19

Los glorificados no lloran más, pues todas las causas exteriores del dolor han desaparecido. En el cielo no hay ni amistades rotas ni esperanzas frustradas. La pobreza, el hambre, los peligros, la persecución y la calumnia son cosas que allí se desconocen. Ninguna pena aflige, ningún pensamiento de muerte o de desgracia entristece. No lloran más, pues están perfectamente santificados. Ningún “corazón malo de incredulidad” los incita a separarse del Dios vivo. Están sin falta delante de su trono y son en todo conforme a su imagen. Bien pueden cesar de lamentarse los que cesaron de pecar. No lloran más, porque todo temor de cambio ha pasado. Saben que están eternamente seguros. El pecado está encerrado afuera y ellos lo están dentro. Habitan en una ciudad que nunca será tomada por asalto. Se asolean con un sol que nunca se pone; beben de un río que nunca se agotará, sacan frutos de un árbol que nunca se secará. Innumerables períodos de tiempo pueden correr, pero la eternidad no se acabará; y mientras dure la eternidad, la inmortalidad y la bienaventuranza de los redimidos coexistirá con ella. Los glorificados están para siempre con el Señor. No lloran más porque todo deseo quedó cumplido. No pueden desear algo que no posean. El ojo y el oído, el corazón y la mano, el juicio, la imaginación, la esperanza, el deseo, la voluntad, en fin: todas las facultades, están completamente satisfechas. Aunque el concepto que actualmente tenemos de las cosas que Dios preparó para los que le aman es imperfecto, sin embargo, por la revelación del Espíritu, sabemos lo suficiente como para conocer que los santos del cielo son felices en el más alto grado. El gozo de Cristo, que es una infinita plenitud de deleite, está en ellos. Se bañan en el insondable mar de la beatitud. Ese mismo descanso nos aguarda a nosotros. No está distante. Dentro de poco el sauce llorón se transformará en paloma de victoria, y el rocío de la aflicción, en perlas de gloria.




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sábado, 22 de agosto de 2026

Ansiando siempre su compañía

"Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si hallareis a mi amado, que le hagáis saber cómo de amor estoy enferma". Cantares 5:8.

Tal es el lenguaje del creyente que ansía tener comunión con Jesús: está enfermo por su Señor. Las almas buenas nunca están perfectamente tranquilas si no se hallan muy cerca de Cristo, pues cuando están alejadas de él pierden su paz. Cuanto más cerca de él están, más cerca están de la perfecta calma del cielo; cuanto más cerca están de él, más llenos están sus corazones, no sólo de paz, sino de vida, de vigor y de gozo, pues todo esto depende de una constante comunión con Jesús. Lo que el sol es para el día, lo que la luna es para la noche, lo que el rocío es para la flor, es Jesús para nosotros. Lo que el pan es al hambriento, el vestido al desnudo, la sombra del gran peñasco al viajero en tierra de cansancio, es Jesús a nosotros. Por lo tanto, si no somos conscientemente, uno con él, no hay por qué maravillarnos si nuestro espíritu clama en las palabras del Cantar: "Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, si hallareis a mi amado, que le hagáis saber cómo de amor estoy enferma". Esta ardiente ansia de comunión con Jesús, tiene una bendita correspondencia: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia". Y muy bienaventurados son los que sienten sed por el Justo. Si no tuviese la bienaventuranza de estar lleno, la buscaría con ansia y vehemencia hasta estar lleno de Cristo. Si no pudiese alimentarme de Jesús, el tener hambre y sed de él sería como puerta cercana al cielo. Hay en esa hambre una bendición, pues está entre las bienaventuranzas de nuestro Señor. Pero la bendición implica una promesa. Estos hambrientos "serán hartos" con lo que desean. Si Cristo hace que lo ansiemos, satisfará sin duda esas ansias, y cuando él venga a nosotros, como efectivamente vendrá, ¡oh cuán dulce será!


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