“Te responderé y te enseñaré cosas grandes y dificultosas que tú no sabes”. Jeremías 33:3.
Hay diferentes traducciones de estas palabras. Una versión las traduce así: “Te enseñaré grandes y fortificadas cosas”. Otra versión, en cambio, las traduce así: “Grandes y reservadas cosas”. Ahora bien, en la experiencia cristiana hay cosas especiales y reservadas. Todos los desarrollos de la vida espiritual no son igualmente fáciles de conseguir. Existen formas y sensaciones de arrepentimiento, de fe, de gozo y de esperanza que las experimenta toda la familia, pero hay un reino superior de éxtasis, de comunión y de consciente unión con Cristo que está lejos de ser la común habitación de los creyentes. No todos tenemos el alto privilegio de Juan de recostarnos en el pecho de Jesús, ni el de Pablo, de ser arrebatado hasta el tercer cielo. Hay alturas en el conocimiento espiritual de las cosas de Dios que el ojo de águila de la sutileza y del pensamiento filosófico nunca ha visto. Sólo Dios puede llevarnos allí. Pero la carroza en la cual él nos lleva, y los fogosos caballos que tiran de ella, son las oraciones poderosas. Estas oraciones vencen al Ángel de la misericordia: “Con su fortaleza venció al ángel. Venció al ángel y prevaleció; lloró y rogóle; en Bethel lo halló, y allí habló con nosotros”. Las oraciones que prevalecen llevan al cristiano a la cumbre de Pisga y le muestran la herencia reservada; nos llevan al Tabor y nos transfiguran hasta que, a la semejanza de nuestro Señor, “como él es, así seamos nosotros en este mundo”. Si quieres tener una experiencia más elevada que la común, contempla a la Roca que es más alta que tú, y mira con los ojos de la fe a través de la ventana de la oración constante. Cuando tú abras la ventana de tu lado, no permanecerá cerrada del otro.
Salmos 54:4 He aquí, Dios es el que me ayuda; El Señor está con los que sostienen mi vida.
Salmos 63:1-8 Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas, 2 Para ver tu poder y tu gloria, así como te he mirado en el santuario. 3 Porque mejor es tu misericordia que la vida; mis labios te alabarán. 4 Así te bendeciré en mi vida; en tu nombre alzaré mis manos. 5 Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, y con labios de júbilo te alabará mi boca, 6 Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche. 7 Porque has sido mi socorro, y así en la sombra de tus alas me regocijaré. 8 Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido.
Romanos 8:11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.
1 Corintios 16:24 Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros. Amén.
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