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lunes, 9 de marzo de 2026

Digno de ser amado plenamente.



 “El es del todo amable”. Cantar de los cantares 5:16.

La belleza superlativa de Jesús es enteramente atractiva; no tanto con el fin de que sea admirada, sino para que sea amada. Jesús es más que agradable y hermoso, es amable. Sin duda alguna el pueblo de Dios puede justificar plenamente el uso de esta áurea palabra, pues Jesús es el objeto de su más ardiente amor, amor fundado en la excelencia intrínseca de su persona y en la completa perfección de sus encantos. Mirad, oh discípulos de Jesús, los labios de nuestro Maestro y decid, ¿no son dulcísimos? ¿No hacen sus palabras arder nuestros corazones en nosotros mientras nos habla en el camino? Contemplad, oh adoradores de Emmanuel, su cabeza ceñida de oro finísimo, y decidme, ¿no son para vosotros preciosos sus pensamientos? ¿No se embalsama con afecto vuestra adoración mientras os inclináis reverentemente ante aquel rostro que es como el Líbano, excelente como los cedros? ¿No hay encantos en sus facciones y no es fragante toda su persona por el perfume de sus suaves ungüentos, que hacen que los suyos lo amen? ¿Hay algún miembro de su glorioso cuerpo que no sea atractivo, alguna parte de su persona que no sea puro imán para nuestras almas, algún ministerio que no sea una fuerte cuerda que ata nuestro corazón? Nuestro amor no es sólo como un sello puesto sobre su corazón, sino está también unido a su poderoso brazo. No hay una sola parte de su ser sobre la que el amor no se fije. Ungimos su entera persona con el suave nardo de nuestro ferviente amor. Debemos imitar su vida entera; tenemos que poseer su carácter. En todos los otros seres vemos alguna falta, pero en él todo es perfección. Aun el mejor de sus favorecidos santos tiene manchas sobre sus vestidos y arrugas sobre su frente; él, en cambio, es todo belleza. Todos los soles terrenales tienen sus manchas, el mundo mismo tiene sus desiertos. No podemos amar la totalidad de las cosas amables, pero Cristo es oro sin mezcla, luz sin tinieblas, gloria sin nube. Sí, “él es del todo amable”.

1 Corintios 12:4-8 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. 

Hebreos 12:5 -11 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del SeñorNi desmayes cuando eres reprendido por él; 6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. 9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10 Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero este para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. 11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.


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