Cuando David hizo esta consulta acababa de luchar con los filisteos y de obtener una
significativa victoria. Los filisteos subieron en gran número, pero, por la ayuda de Dios, David los
puso en fuga fácilmente. Notemos, sin embargo, que cuando los filisteos vinieron por segunda vez,
David no les salió al encuentro antes de consultar a Jehová. Como había salido victorioso una vez,
podía haber dicho, como lo han hecho muchos en otros casos: "Saldré victorioso otra vez: puedo
estar seguro de que si he conquistado una vez, triunfaré aun otra vez. ¿Por qué, pues, esperar para
consultar al Señor?" David no procedió así. Ganó una batalla por el poder del Señor; pero no se
aventurará en otra hasta asegurarse el mismo poder. El preguntó al Señor: "¿Iré contra ellos?", y
esperó hasta que la señal de Dios le fue dada. Aprendamos de David a no dar ningún paso sin Dios.
Cristiano, si quieres conocer la senda del deber, ten a Dios por brújula; si deseas dirigir tu barco a
través de las imponentes olas, por el timón en las manos del Todopoderoso. Muchas rocas podrían
ser esquivadas si permitiésemos que nuestro Padre gobierne el timón; muchos bancos de arena
podrían ser evitados si dejáramos a su soberana voluntad escoger y mandar. Debemos darnos cuenta
de que la providencia de Dios nos guía; y si la providencia tarda, esperemos hasta que la providencia llegue. El que se antepone a la providencia, se sentirá gozoso si vuelve otra vez al lugar
de partida. "Te enseñaré el camino en que debes andar", es la promesa que Dios hace a su pueblo.
Llevemos a él todas nuestras perplejidades y digámosle: "Señor, ¿qué quieres que haga?" No dejes
tu casa esta mañana sin inquirir primero la voluntad del Señor.
Salmo 86:3-12 Ten misericordia de mí, oh Jehová; Porque a ti clamo todo el día.
4 Alegra el alma de tu siervo, Porque a ti, oh Señor, levanto mi alma. 5 Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan. 6 Escucha, oh Jehová, mi oración, Y está atento a la voz de mis ruegos. 7 En el día de mi angustia te llamaré, Porque tú me respondes. 8 Oh Señor, ninguno hay como tú entre los dioses, Ni obras que igualen tus obras. 9 Todas las naciones que hiciste vendrán y adorarán delante de ti, Señor, Y glorificarán tu nombre. 10 Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas; Solo tú eres Dios. 11 Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad; Afirma mi corazón para que tema tu nombre. 12 Te alabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi corazón, Y glorificaré tu nombre para siempre.
Proverbios 2: 1- 15 Excelencias de la sabiduría
1 Hijo mío, si recibieres mis palabras, Y mis mandamientos guardares dentro de ti, 2 Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; Si inclinares tu corazón a la prudencia, 3 Si clamares a la inteligencia, Y a la prudencia dieres tu voz; 4 Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros, 5 Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios. 6 Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. 7 Él provee de sana sabiduría a los rectos; Es escudo a los que caminan rectamente. 8 Es el que guarda las veredas del juicio, Y preserva el camino de sus santos. 9 Entonces entenderás justicia, juicio Y equidad, y todo buen camino. 10 Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, Y la ciencia fuere grata a tu alma, 11 La discreción te guardará; Te preservará la inteligencia, 12 Para librarte del mal camino, De los hombres que hablan perversidades, 13 Que dejan los caminos derechos, Para andar por sendas tenebrosas; 14 Que se alegran haciendo el mal, Que se huelgan en las perversidades del vicio; 15 Cuyas veredas son torcidas, Y torcidos sus caminos.
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