“Levantóse, pues, y comió y bebió; y caminó con la fortaleza de aquella comida cuarenta días y cuarenta noches”. 1º Reyes 19:8.
Toda la fortaleza que nos da el bondadoso Dios, nos la da para servir, no para el libertinaje o para la jactancia. Cuando el profeta Elías, estando debajo del enebro, halló una torta cocida sobre las ascuas y vio, a su cabecera, un vaso de agua, no debía, como hacen algunos, satisfacerse con delicadas comidas, para, después, desperezarse descansadamente. Todo al contrario, se le ordenó caminar, con la fortaleza de aquella comida, cuarenta días y cuarenta noches, dirigiéndose a Horeb, el monte de Dios. Cuando el Maestro invitó a los discípulos a “ir y comer” con él, dijo a Pedro, después de haber comido: “Apacienta mis corderos”. Más adelante añade: “Sígueme”. Así pasa con nosotros. Comemos el pan del cielo para emplear después nuestra fortaleza en el servicio del Maestro. Nos allegamos a la pascua y comemos el cordero pascual con los lomos ceñidos, y el bordón en la mano, para partir enseguida cuando nuestra hambre quede satisfecha.
Algunos cristianos viven de Cristo, pero no están ansiosos de vivir para él. La tierra debe ser una preparación para el cielo. El cielo es el lugar donde los santos comen más y trabajan más. Se sientan a la mesa del Señor y lo sirven día y noche en su templo. Comen del alimento celestial y prestan servicio perfecto. Creyente, con la fortaleza que diariamente consigues de Cristo, trabaja para él. Algunos de nosotros tenemos aun mucho que aprender en cuanto al propósito del Señor, al darnos su gracia. No tenemos que retener los preciosos granos de verdad, como las momias de Egipto retienen por siglos el grano de trigo, sin darle oportunidad de crecer. Tenemos que sembrarlo y regarlo. El Señor alimenta y refrigera nuestras almas, para que después usemos nuestras renovadas fuerzas para la promoción de su gloria.
Juan 6:26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.
Isaías 49:8-11 8 Así dijo Jehová: En tiempo aceptable te oí, y en el día de salvación te ayudé; y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo, para que restaures la tierra, para que heredes asoladas heredades; 9 para que digas a los presos: Salid; y a los que están en tinieblas: Mostraos. En los caminos serán apacentados, y en todas las alturas tendrán sus pastos. 10 No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá; porque el que tiene de ellos misericordia los guiará, y los conducirá a manantiales de aguas. 11 Y convertiré en camino todos mis montes, y mis calzadas serán levantadas.
Juan 6:35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
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