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martes, 17 de marzo de 2026

Creciendo y madurando.

 


"Que nos acordásemos de los pobres". Gálatas. 2:10.

¿Por qué permite Dios que tantos de sus hijos sean pobres? Si él quisiera podría enriquecerlos, podría poner ante sus puertas bolsas de oro, enviarles una crecida renta anual o derramar alrededor de sus casas abundantes provisiones, como cuando envió codornices en bandadas al campamento de Israel y derramó, para alimentarlos, pan del cielo. El creyente no tiene necesariamente que ser pobre, a menos que Dios así lo permita por ser más conveniente. "Los millares de animales en los collados" son suyos; él podría darlos. El podría hacer que el más rico, el más grande y el más poderoso llevara todo su poder y toda su riqueza a los pies de sus hijos, pues el corazón de todos los hombres está bajo su dirección. Pero Dios no determinó obrar así. Permite más bien que sufran necesidades y que languidezcan en miseria y en humillación.

¿Por qué obra así? Hay varias razones: Una de ellas es dar, a los que tienen abundancia, una oportunidad de mostrar su amor a Jesús. Mostramos nuestro amor a Cristo cuando cantamos y cuando oramos; pero si no hubiese necesitados en el mundo, perderíamos el grato privilegio de evidenciar nuestro amor, dando a los hermanos más pobres. El nos ha mandado que mostremos de esta forma que nuestro amor no consiste sólo en palabras, sino en obra y en verdad. Si realmente amamos a Cristo tendremos cuidado de los que son amados por él. Aquellos a quienes él ama, serán amados también por nosotros. Consideramos, no como un deber sino como un privilegio, el socorrer a los pobres del rebaño del Señor, recordando estas palabras de Jesús: "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis". Sin duda esta convicción es suficientemente grata y este motivo es suficientemente fuerte como para inducirnos a ayudar a otros con mano generosa y corazón amante, recordando que todo lo que hagamos para los suyos, es gratamente aceptado por Cristo como si fuera hecho para él.

Mateo 11:5 Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio.

Marcos 14:7 Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis.

Lucas 4:18-19 El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos.19 A predicar el año agradable del Señor.

Santiago 2:5 Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?

Filipenses 4:11-13 No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Los espacios de tiempo en nuestra vida en donde pasaremos por la enseñanza, incluyen variaciones en nuestros estados socio-económicos, afectivos, de fe y demás, en que aprenderemos dependencia de Dios absoluta, para reconocer su reino, practicar humildad y ser hallados fieles, tienen en sus disciplinas momentos de escasez, Por que es necesario que en todo y por todo seamos enseñados y pueda Cristo manifestarse en nosotros y a través nuestro en esas situaciones llamadas por el Apóstol Pablo, leves tribulaciones momentáneas, que produce un mayor y excelente peso de su gloria. 2 Corintios 4:17. 



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