“ Fue su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra”. Lucas 22:44.
La presión mental originada en la lucha de nuestro Señor con la tentación, forzó de tal forma su ser a una excitación antinatural, que sus poros exudaron grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. ¡Esto prueba cuán tremendo debe de haber sido el peso del pecado, cuando éste pudo aplastar al Salvador hasta sacarle grandes gotas de sangre! Esto demuestra el invencible poder de su amor. Isaac Ambrosio observa que la goma que sale del árbol sin herirlo es siempre la mejor. Este precioso alcanforero produjo aromas muy suaves cuando fue herido por los ásperos látigos y cuando fue traspasado por los clavos sobre la cruz; pero, mira, produce su mejor fragancia cuando no interviene ni látigo, ni clavo, ni golpe. Esto manifiesta la espontaneidad de los sufrimientos de Cristo, porque sin lanza, la sangre fluyó libremente. No hubo necesidad de sanguijuela ni de cuchillos; fluyó espontáneamente. No hubo necesidad de que los príncipes clamaran: “Sube, oh pozo”; pues fluyó por sí misma en torrentes carmesíes.
Si los hombres experimentan un gran dolor moral, la sangre aparentemente se agolpa en el corazón; las mejillas se ponen pálidas y sobreviene un desmayo; la sangre se ha internado como si quisiese nutrir al hombre interior, mientras éste pasa por la prueba. Pero, mira a nuestro Salvador en su agonía; se halla tan olvidado de sí mismo que en lugar de llevar la sangre al corazón para nutrirse a sí mismo, la lleva afuera para rociar la tierra. La agonía de Cristo, en cuanto lo arroja al suelo, describe la plenitud de la ofrenda que hizo a favor de los hombres.
¿No percibimos cuán intensa debe de haber sido la lucha interna por la cual él pasó, y no oímos su voz?: “Aun no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado”. Mirad al Gran Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, que suda hasta sangrar antes que rendirse al gran tentador.
Hebreos 12:1-11 Puestos los ojos en Jesús
1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. 3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. 4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; 5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; 6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. 7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. 9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10 Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero este para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. 11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
Jeremías 17:9-10 9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? 10 Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.
Lucas 6:45 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.
Proverbios 18:20 Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; Se saciará del producto de sus labios.
1 Juan 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
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