“ Y el Cordero es su lumbrera”. Apocalipsis 21:23.
Contempla con tranquilidad al Cordero, como la lumbrera del cielo. La luz es en la Biblia el
emblema del gozo. El gozo de los santos en el cielo está comprendido en estas palabras: Jesús nos
eligió, nos amó, nos compró, nos limpió, nos vistió, nos guardó y nos glorificó: estamos aquí
únicamente por la mediación de Jesús. Cada uno de estos pensamientos será para ellos semejante a
un racimo de uvas de Escol. La luz es además el fundamento de la belleza. No hay belleza cuando
no hay luz. Sin luz el zafiro no brilla ni luce la perla. Así también, toda la belleza de los santos que
están en el cielo procede de Jesús. Ellos reflejan, como los planetas, la luz del Sol de Justicia;
existen como rayos que proceden del astro central. Si él se retira, ellos mueren. Si su gloria se
oculta, la de ellos expira. La luz es también el emblema del conocimiento. En el cielo nuestro
conocimiento será perfecto, pero el Señor Jesús será su fuente. La enigmática providencia, que
nunca antes hemos entendido, la entenderemos claramente, y todo lo que ahora nos confunde, nos será comprensible con la luz del Cordero. ¡Oh!, qué revelaciones y qué glorificación del amor de
Dios habrá allí. La luz también significa manifestación. La luz manifiesta. En el mundo, “aun no se
ha manifestado lo que hemos de ser”. El pueblo de Dios es un pueblo oculto, pero cuando Cristo lo
reciba en el cielo, lo tocará con la vara de su amor y lo cambiará en la imagen de su gloria. Los componentes de este pueblo fueron pobres y desdichados, pero ¡qué transformación! Estuvieron
manchados de pecado, pero con un toque de su dedo quedarán tan brillantes como el sol y tan claros
como el cristal. ¡Oh!, qué manifestación. Todo esto procede del sublime Cordero. Jesús será el
centro y el alma de cuanto refulgente esplendor haya allí. ¡Oh!, qué será estar presente y verlo en su
propia luz, como el Rey de reyes y Señor de señores.
Romanos 5:8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Efesios 5:2 Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.
2 Tesalonicenses 2:16 Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia.
2 Timoteo 1:7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
1 Juan 4:17 En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.
1 Juan 3:16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
Hebreos 12:25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.
Imprimir artículo
