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viernes, 15 de mayo de 2026

El ladrón fue justificado al poner su fe en Jesús.

"En este es justificado todo aquel que creyere". Hechos 13:39.

El creyente en Cristo recibe una justificación presente. La fe no produce este fruto después de un tiempo, sino ahora. La justificación es el resultado de la fe, y es otorgada al alma en el momento en que la fe la une con Cristo, y el alma lo acepta como su todo en todo. Los que están delante del trono de Dios, ¿son justificados? Bien, así lo somos nosotros; tan verdadera y evidentemente justificados como los que andan en ropas blancas y cantan melodiosas alabanzas con las arpas celestiales. El ladrón de la cruz fue justificado en el preciso momento en que puso su fe en Jesús; y Pablo, el anciano, después de tantos años de servicio, no fue más justificado que el ladrón que no había trabajado nada. Nosotros somos hoy aceptados en el Amado, hoy absueltos en el tribunal de Dios. ¡Oh, cuánto conmueve esto al alma! Hay algunos racimos de la vid de Escol que no podremos recoger hasta que estemos en el cielo, pero hay un pámpano que trepa por el muro. Este nos es como el grano de la tierra, que nunca podremos comer hasta que crucemos el Jordán, sino es parte del maná del desierto, una porción de nuestro alimento diario, que el Señor nos da en nuestra peregrinación. Nosotros somos ahora, ahora mismo perdonados; ahora mismo nuestros pecados son quitados; precisamente ahora somos aceptados en la presencia de Dios, como si nunca hubiésemos sido culpables. "Ahora, pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús". Ahora, en el Libro de Dios no hay anotado ningún pecado contra los que son suyos. ¿Quién se atreverá a acusarlos? Ni mancha, ni arruga, ni cosa semejante, queda sobre el creyente en el asunto de la justificación, en la presencia del juez de toda la tierra. Que el privilegio presente nos haga conscientes del deber presente, y ahora, mientras dura la vida, "dependamos y seamos dependidos" por nuestro glorioso Señor.

1 Juan 3:9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él ; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

Juan 14:21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

Juan 14:23-24 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará ; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. 24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

Juan 15:10-11 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor ; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

Romanos 6:1-4 Muertos al pecado

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? .2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

La permanencia en Cristo se condiciona a ser hacedores de sus mandatos



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