"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?" Salmo 22:1.
Contemplemos aquí al Salvador en la profundidad de sus aflicciones. Ningún otro lugar muestra tan bien las tribulaciones de Cristo como el Calvario, y ningún otro momento en el Calvario está tan lleno de agonía como aquel en que él exclamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?" En este momento la debilidad física se unió a la aguda tortura mental por la vergüenza e ignominia que tuvo que gustar. Y para culminar la intensidad de sus sufrimientos, padeció una agonía espiritual que sobrepuja todo entendimiento, siendo ésta el resultado del apartamiento de la presencia de su Padre. Esta era la oscura medianoche de su horror; entonces fue cuando descendió al abismo del sufrimiento. Ningún hombre puede penetrar en el completo significado de estas palabras. Algunos de nosotros a veces podríamos gritar: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?" Hay momentos cuando la brillantez de la sonrisa de nuestro Padre queda eclipsada por nubes y tinieblas, pero recordemos que Dios nunca nos deja. Con nosotros es ese un aparente abandono, pero con Cristo era un abandono real. Nos afligimos ante una breve separación del amor de nuestro Padre, pero, ¿quién podrá calcular cuán profunda fue la agonía que le causó a Jesús el real apartamiento del rostro de su Padre? En nuestro caso el clamor frecuentemente es dictado por la incredulidad; en su caso fue la expresión de un espantoso hecho, pues efectivamente Dios lo había dejado por un tiempo. ¡Oh, tú, alma pobre y angustiada, que viviste una vez a la luz del rostro de Dios, pero que ahora te hallas en tristeza!, no olvides que él no te ha dejado. Dios en las nubes es tan Dios nuestro como cuando alumbra en el esplendor de su gracia, pero ya que el solo pensamiento de que él nos haya dejado nos aflige, ¡qué habrá sido el dolor de nuestro Señor cuando exclamó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado?"!
Hebreos 1:1-4 Dios ha hablado por su Hijo
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4 hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.
Hebreos 2:1-4 Una salvación tan grande
Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2 Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, 4 testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.
Isaías 43:7 todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.
Juan 17:8-17 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, 10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 11 Y ya no estoy en el mundo; mas estos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. 13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
Gálatas 6:14 Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.
Imprimir artículo

No hay comentarios:
Publicar un comentario