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jueves, 26 de marzo de 2026

Sublime amor.



 “Respondió Jesús: Si a mí buscáis, dejad ir a estos”. Juan 18:8. 

¡Observa, alma mía, el cuidado que el Señor manifiesta hacia las “ovejas de su mano”, aun en la hora de su juicio! El amor que lo domina llega a ser fuerte en la muerte. Jesús se entrega a sus enemigos, pero interpone una palabra de poder para libertar a sus discípulos. En cuanto a sí mismo, a semejanza de una oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca, pero en cuanto a sus discípulos habló con potente energía. Aquí hay amor, amor constante, generoso, fiel. ¿Pero no hay aquí mucho más de lo que se ve en la superficie? ¿No tenemos en estas palabras el alma misma y el espíritu mismo de la expiación? El buen pastor pone su vida por las ovejas e intercede para que queden libres. El fiador está retenido, y la justicia pide que aquellos por quienes él se entregó como substituto sigan su camino. En medio de la esclavitud de Egipto, aquella voz resuena como una palabra de poder: “Deja ir a estos”. El redimido debe huir de la esclavitud del pecado y de Satán. En cada celda de los calabozos de Desesperación suena el eco: “Deja ir a estos”, y sale Desaliento y Temeroso. Satán oye la conocida voz y levanta el pie de sobre el cuello del que está caído; la oye la muerte, y el sepulcro abre sus puertas para dejar que resucite el muerto. El camino por el que deben ir es camino de progreso, de santidad, de triunfo y de gloria, y ninguno osará detenerlos. “No habrá allí león, ni bestia fiera subirá por él”. “La cabra de la mañana” ha atraído a sí a los cazadores, y ahora el más tímido gamo del campo puede pacer en perfecta paz entre los lirios de sus amores. La tormentosa nube se descargó sobre la Cruz del Calvario, y los peregrinos de Sión nunca serán dañados por los rayos de la venganza. Ven, corazón mío, regocíjate en la inmunidad que el Redentor te ha asegurado, y bendice su nombre todo el día y todos los días.

Jeremías 20:7-9  Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. 8 Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. 9 Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude.

1 Reyes 19:9-18 Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 10 Él respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 11 Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. 12 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. 13 Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? 14 Él respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 15 Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria. 16 A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar. 17 Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará. 18 Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.

Salmos 103:14 Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo.

Experimentar la calma que proviene de la manifestación de la Presencia de Dios hace que la paz y la plena confianza en su reino sobre todo, nos lleve a seguir cada orden dada por Él, sabiendo que allí estamos seguros porque al seguir los pasos trazados por su Palabra, caminamos tomados de su mano y nuestra vida está segura en su Voluntad.




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