" Conciudadanos de los santos". Efesios 2:19.
¿Qué quiere decir ser ciudadanos del cielo? Quiere decir que estamos bajo el gobierno del cielo. Cristo, el rey de los cielos, reina en nuestros corazones. Nuestra oración cotidiana es esta: "Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra". Las proclamas expedidas desde el trono de gloria son espontáneamente recibidas por nosotros. Obedecemos con alegría los decretos de nuestro Gran Rey. Luego, como ciudadanos de la Nueva Jerusalén, participamos de los honores del cielo. La gloria que pertenece a los santos beatificados, nos pertenece también a nosotros, pues nosotros somos ya hijos de Dios, príncipes de sangre real. Ya vestimos la inmaculada vestidura de la justicia de Jesús. Ya tenemos a los ángeles como nuestros servidores, a los santos como nuestros compañeros, a Cristo como nuestro hermano, a Dios como nuestro Padre, y la corona de inmortalidad como nuestro galardón. Participamos de los honores de la ciudadanía, pues nos hemos llegado a la compañía y a la congregación de los primogénitos que están alistados en los cielos. Como ciudadanos, tenemos derecho sobre todos los bienes que hay en el cielo. Sus puertas de perla y sus murallas de crisólito son nuestras; la luz de aquella ciudad que no tiene necesidad de lumbre de antorcha, ni de lumbre de sol es nuestra; el río de agua de vida y las doce clases de frutas que llevan los árboles que están plantados de la una y de la otra parte del río son nuestras. No hay nada en el cielo que no nos pertenezca. "Lo presente y lo porvenir" es nuestro. Además, como ciudadanos del cielo gozamos de sus delicias. ¿No se gozan sus habitantes cuando los pecadores se arrepienten y los pródigos retornan? -Lo mismo hacemos nosotros- ¿No cantan ellos las glorias de la gracia triunfante? -Nosotros lo hacemos igual- ¿No echamos nosotros aquí nuestros honores como ellos en el cielo echan sus coronas, a los pies de Jesús? Si somos ciudadanos del cielo, hagamos que nuestra conducta sea consistente.
Juan 1:1-13 -El Verbo hecho carne -
1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. 6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. 7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. 9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
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