"Y dijo Dios a Jonás: ¿Haces bien en enojarte?” Jonás 4:9.
La ira no es necesariamente mala, pero tiene una tendencia tan marcada a desviarse, que todas las veces que se presenta, tendríamos enseguida que examinar su índole con esta pregunta: “¿Haces bien en enojarte?” Puede ser que podamos responder: “Si”. Muy frecuentemente la ira es la tea del loco, pero algunas veces es el fuego de Elías que cae del cielo. Hacemos bien cuando nos airamos con el pecado por el mal que comete contra nuestro bondadoso y clemente Dios; o cuando nos airamos con nosotros mismos por seguir siendo tan torpes, después de haber recibido tanta instrucción divina; o también cuando nos airamos con los demás porque obran lo malo. El que no se enoja ante la transgresión es porque participa de ella. El pecado es aborrecible y odioso y ningún corazón regenerado puede soportarlo con paciencia. Dios mismo está airado con el impío todos los días, y en su Palabra está escrito: “Los que amáis a Jehová, aborreced el mal”. Pero mucho más frecuentemente tenemos que temer que nuestra ira, tenga otra raiz, no es ni recomendable ni aun justificable, y entonces tenemos que responder: “No”. ¿Por qué tenemos que estar malhumorados con los hijos, enojados con el entorno y airados con los compañeros? ¿Es honrosa esa ira para nuestra profesión cristiana, o glorificamos con ella a Dios? ¿No es el viejo corazón malo el que busca obtener dominio, al cual tendríamos que resistir con toda la fuerza de nuestra nueva naturaleza? Muchos de los que profesan ser cristianos se rinden al carácter irascible, como si fuera inútil intentar resistirlo. El creyente debe recordar que es menester que sea vencedor en todo sentido, de lo contrario no será coronado. Si no podemos dominar nuestro genio, ¿qué es lo que la gracia ha obrado en nosotros?
Apocalipsis 21:7 El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
Apocalipsis 22:14 Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.
Efesios 4:26-27 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, 27 ni deis lugar al diablo.
Santiago 1:18- 21 18 Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas. 19 Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; 20 porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. 21 Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.
1 Juan 1:9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
Hebreos 12:15 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.
Deuteronomio 30: 14 Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.
Romanos 10: 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Deuteronomio 30:19-20 A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; 20 amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.
Esa tierra prometida, es la vida eterna al lado de Dios, la Ciudad de Dios.
Romanos 12:21 No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.
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