"Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados." (Hebreos 12:11.)
Existe la leyenda de un cierto barón alemán que poseía un castillo en el Rin. Se cuenta, que solía tender alambres de una torre a otra, para que el aire los convirtiese en un arpa Aeoliana. Las brisas suaves fluían alrededor del castillo, pero sin producir el menor tono musical.
Una noche hubo una gran tempestad y la colina y el castillo fueron golpeados con el furor de vientos terribles. El barón salió al umbral para mirar al terror de la tormenta, y cual no sería su sorpresa cuando oyó que el arpa aeoliana estaba impregnando los aires con sonidos tan elevados que aún sobrepasaban el clamor de la tempestad.
Para obtener la música, hubo necesidad de la tormenta!
¿No hemos conocido a muchas personas, cuyas vidas no han producido la menor nota musical en tiempos de calma y prosperidad, pero cuando han sido golpeados por la tormenta, entonces han dejado pasmados a sus compañeros por el poder y fortaleza de su música?
Siempre puedes confiar en Dios para que haga lo que "sigue" a las dificultades. Si se vencen como se deben, más fructífero y bello será lo que sigue, que lo que las precede. "Ningún castigo ... parece "el' causa de gozo ... mas después da fruto de justicia a los que en él son ejercitados."
Siempre puedes confiar en Dios para que haga lo que "sigue" a las dificultades. Si se vencen como se deben, más fructífero y bello será lo que sigue, que lo que las precede. "Ningún castigo ... parece "el' causa de gozo ... mas después da fruto de justicia a los que en él son ejercitados."
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