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"Jehová, Rey eterno y perpetuo”. Salmo 10:16.
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Jesucristo no es un despótico demandante de derecho divino, sino real
y verdaderamente el Ungido del Señor. “Le ha placido al Padre que en él habitase toda la plenitud”. Dios le ha dado todo poder y autoridad. Como Hijo del hombre es ahora
“cabeza sobre todas
las cosas de la Iglesia”, y reina en el cielo, en la tierra y en el infierno con las llaves de vida y muerte puestas en su cinto.
Ciertos príncipes se han complacido en llamarse a sí mismos
reyes por
voluntad popular y, ciertamente, nuestro Señor Jesucristo es tal en su Iglesia.
Si se votara para determinar si Jesús debe ser rey en la Iglesia, todo corazón creyente lo coronaría. ¡Oh si lo coronáramos más gloriosamente de lo que lo hacemos! Ningún sacrificio que glorifique a Cristo debiera
considerarse superfluo.
Sufrir debiera ser un placer;
y perder, ganancia, si con ello pudiéramos ceñir sus sienes
con coronas más lucientes, presentándolo más glorioso a los ojos de los hombres y de los ángeles. Sí, él reinará.
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¡Viva el Rey! ¡Salve, Rey Jesús! Salid, almas vírgenes que amáis a vuestro Señor, inclinaos a sus pies, sembrad sus sendas con los lirios de vuestro amor y las rosas de vuestra gratitud. “Sacad la diadema real y coronadle Señor de todo”. Además, nuestro Señor Jesús es Rey en Sión por derecho de conquista. El ha tomado por asalto y llevados los corazones de su pueblo, y ha muerto a los enemigos que lo tenían en cruel esclavitud. En el Mar Rojo de su propia sangre nuestro Redentor ahogó al Faraón de nuestros pecados. ¿No será él Rey en Jesurum? El nos ha librado del yugo de hierro y de la gravosa maldición de la ley. ¿No será coronado Libertador? Nosotros somos su porción que él arrebató de la mano de los amorreos con su espada y con su arco. ¿Quién arrebatará su conquista de sus manos? ¡Salve, Rey Jesús!, nosotros alegremente reconocemos tu pacífico gobierno. Gobierna, pues, en nuestros corazones para siempre, cariñoso Príncipe de Paz.
Efesios 4:8 Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.
Salmos 27:4 Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.
Salmo 133:1 ¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!
Juan 8: 31-32 Dijo entonces Jesús a ... los que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
Filipenses 2:5-8 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
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